El síndrome del impostor en la cima del liderazgo



Hay días en los que me detengo, no porque quiera rendirme, sino porque me abruman las decisiones, los errores, las dudas. Soy la cabeza de mi organización, y a veces siento que camino sola en la punta de la montaña, sin nadie por encima que me corrija, sin un igual a mi lado que me guíe. Solo yo… y todas las personas que dependen de lo que decida.

Y en esos momentos, me he preguntado:

¿Estaré haciendo lo correcto?

¿Estoy preparada para esto?

¿Será que no soy suficiente?

¿Y si me equivoco… quién me salva?

Eso que llaman síndrome del impostor no siempre se presenta con inseguridad visible. A veces, se disfraza de exigencia extrema, de perfeccionismo, de esa sensación de estar fallando aunque todo marche. Se presenta cuando olvido cuánto he crecido, cuando dejo de mirar hacia atrás y solo veo lo que aún falta.

Pero he aprendido algo poderoso:

No necesito tener todas las respuestas.

No estoy fallando, estoy evolucionando.

Y aunque el camino me agote, eso no significa que esté perdida.

Hoy me permito mirar un momento hacia atrás y reconocer:

He crecido.

He aprendido.

He superado tanto que ya no estoy donde empecé.

Y si llegué hasta aquí, también puedo salir de donde ahora me siento.

No es el final. Es parte del viaje.

🌟 "No es que no seas suficiente. Es que estás creciendo más allá de lo que imaginaste."

Con cariño

Tu Coach empresarial favorita 

Reyna Márquez 

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