Título: Volver a mí: el día que regresé al gimnasio
Queridos lectores,
Ha pasado un tiempo desde mi última publicación. A veces la vida nos envuelve en su ritmo vertiginoso y sin darnos cuenta dejamos de hacer pequeñas cosas que nos nutren el alma. Hoy quiero compartirles algo muy personal: mi regreso al gimnasio.
Fue una mañana cualquiera. Desperté, me miré al espejo y dije: “Voy porque voy.”
No había un plan perfecto, ni un objetivo claro. Solo la necesidad de volver a mí.
Al azar, elegí mis primeros ejercicios de fuerza. Pero al comenzar, las lágrimas brotaron sin aviso. En ese instante comprendí cuánto tiempo había pasado sin mover mi cuerpo, sin escucharlo, sin cuidarlo. Mi cuerpo me estaba hablando: me extrañaba.
Y me di cuenta de algo profundo: a veces nos castigamos sin notarlo. Comemos de más, dejamos de hacer lo que nos gusta, postergamos lo que amamos, creyendo que nos estamos protegiendo. Pero no… en realidad nos estamos alejando de nosotros mismos.
Llamamos “protección” a lo que en verdad es huida.
Decimos “cuidado” cuando en el fondo es autocastigo.
Hoy entendí que muchas de esas decisiones que parecen prudentes, son solo formas de autosabotaje.
Y en medio del sudor y las lágrimas, agradecí este momento de despertar.
Porque volver a empezar también es amarse.
Gracias, vida, por recordarme que cuidarme también es una forma de respeto hacia mí misma.
Con cariño,
Reyna Márquez 🌹
Contadora, auditora, escritora y mujer en
constante transformación.

Comentarios
Publicar un comentario